• Fauno

De escuela y otros demonios


Estoy seguro que todos los taekwondoínes que conozco, de los que he oído hablar, y los que han sido anónimos a mi persona, han tenido alguna experiencia relacionada intrínsecamente con las variables “escuela” y “taekwondo”.


Las historias, mezclas y contrastes entre estas dos fuentes de aprendizaje pueden ser tan variadas como las personalidades de los pitufos. Por ejemplo: hay taekwondoínes que sufren por tener que ir a la escuela y no poder dedicarse 100% a la práctica del TKD; y hay estudiantes que sufren por tener que ir al taekwondo y no pueden dedicarse 100% a estar en Facebook todo el día (También conozco practicantes así).


Cuando empecé a competir en alto rendimiento, tuve la osadía de decirle a mi padre que ya no quería estudiar y que sólo iba a terminar la preparatoria para después dedicarme completamente a entrenar y que iba a vivir del deporte. Es una de las cosas más valientes que he hecho hasta hoy. Recuerdo bien ese día, mi papá me miraba con atención, incredulidad y cierto tono irónico; cuando terminé de exponerle mis propósitos, su respuesta fue inmediata y contundente: “¡Estás pendejo! ¡Vete de mi cuarto!” (Saludos, pá, nos vemos el sábado). Al día siguiente me descubrí recolectando folletos para revisar las carreras universitarias en una especie de feria que se ponía en mi escuela de vez en cuando. Tengo la corazonada de que no soy el único que ha vivido esto.


Cuando entré a la Universidad, me di cuenta que tenía sus ventajas. Existen torneos que son exclusivos para gente universitaria (La Universiada Mundial, por ejemplo). Otra ventaja de estudiar, para con los practicantes de TKD, es que la escuela te proporciona una pequeña extensión en tu vida social, lo cual es un factor básico para que no te encuentren un día colgado en la bañera, víctima de la monotonía, con una nota al lado que contenga la leyenda “Los quiero a todos, no me olviden”. La escuela te abre el panorama hacia horizontes que nunca imaginas, tan es así que hay gente que decide dejar el TKD para dedicarse a estudiar, o bien, deciden limitar su participación competitiva a torneos exclusivamente universitarios.


Mi vida estudiantil nunca ha sido fácil… Bueno, más o menos. La verdad es que no soy tan burro, y al decir que no soy tan burro me refiero a que escogí una carrera de esas que se podrían aprender en un curso de esos que se consiguen por internet tipo “Guitarra fácil” (Obvio no diré el nombre de dicha carrera. Sufran, sufran). Dada mi condición de competidor, falto a clase muy seguido por motivos de entrenamientos y esas cosas. Digo, es normal cuando se entrena tres veces al día. De hecho me da mucha risa cuando escucho a alguien (No taekwondoín) decir “es que no tengo tiempo de estudiar”, “no me da tiempo de hacer la tarea”, “anoche me desvelé en una fiesta llena de chicas hermosas” (Ok, eso último no me da risa).


Actualmente, como fue mi plan inicial, vivo del deporte. Debo aceptar que al principio estaba convencido de que nunca iba a terminar la carrera, hoy cuento con un título universitario y estudio también una maestría (Y conste que eso nunca estuvo en el plan). Siempre se puede, y se los dice una de las personas más emblemáticamente apática del planeta.


Podría listar una infinidad de ventajas sobre el hecho de combinar el estudio con el entrenamiento, pero mejor les voy a dar un consejo: no dejen de estudiar, no importa que tan malos sean, no dejen de estudiar si tienen la oportunidad de hacerlo, eso sí es de burros.


Por cierto, el tema de hoy vino al cuento porque, justo ahora, me encuentro en una clase que se llama “Política Monetaria” y estoy más aburrido que una esponja marina adherida al casco del Titanic en las profundidades del Atlántico. Todavía faltan dos horas para que se termine y yo estoy a punto de lanzarme por la ventana como Batman. Espero que ustedes se la estén pasando mejor que yo.


Y tú, ¿estudias o entrenas?


Hasta la próxima…




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