• Fauno

Dos mil


El 2000 fue un año muy importante para mí y quizá para mi generación entera por muchas razones: quizá la más importante de todas es que ese año fue la primera vez que el Taekwondo entraba como evento oficial a unos Juegos Olímpicos. La ciudad de Sídney, Australia se convirtió en la ciudad que vio nacer a este deporte de manera oficial en el certamen deportivo más importante de todos.


Víctor Estrada, Agueda Pérez y Mónica del Real eran los nombres de los tres representantes mexicanos en aquella ocasión.


Quizá muchos de los lectores habituales de este semanario a penas estaban caminando o diciendo sus primeras palabras por aquellos días. En lo que a mí respecta, era un joven en la flor de la pubertad, con pelos en la mano y la pasión por el TKD tan elevada que estuve dos veces a punto de tatuarme los símbolos 태권도 en un costado de la barriga. Estaba tan emocionado de que iba poder ver mi deporte en televisión que no quería despegarme del asiento ni para comer (Y eso ya es mucho decir).


No vi pelear a Agueda. Recuerdo haber visto pelear a Mónica y si me concentro aún puedo escuchar el sonido de mi corazón partiéndose cuando la vi salir del área y dirigirse de regreso a la zona de calentamiento.


La última esperanza era Víctor. Un compañero de la escuela me apostó a que iba a perder la primera pelea contra el iraní (Campeón mundial en aquel entonces), corrió la apuesta y por más licuados de nopal que se tomó y hechizos de mal de ojo que hizo, Víctor ganó su primera pelea.


El segundo combate fue contra el cubano, quizá uno de los combates más polémicos del evento. Pasó lo que pasó y yo no lo podía creer, pero ese día el señor Estrada me dio una de las lecciones más importantes de toda mi carrera: mientras haya un esperanza, vale la pena seguir luchando.


Después de esas competencias, los gimnasios de todo el país se llenaron de gente que quería aprender. Fue tal la trascendencia de ese evento y de la medalla de Víctor que incluso hoy hay gente que únicamente lo conoce a él cuando de Taekwondo se habla.


Por cierto, si usted es uno de los que, como yo, vivieron ese evento al filo del asiento de su sala y lo recuerda como si fuera ayer, quizá nunca se había puesto a pensar que han pasado trece años desde aquel día... Que viejo, ¿verdad?


Ese mismo año, pero en el mes de diciembre, hice el tan ansiado examen de cinta negra, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión...



EN EL CAMINO

No dejen de leer "El Semanario del Fauno" la próxima semana, estoy por empezar una serie literaria que yo mismo he titulado [Se supone que aquí va el nombre de la serie, pero todavía no termino de decidir cuál será el adecuado]. Es una historia de varios capítulos acerca del camino que se tiene que recorrer desde el momento que se pisa el Doyang por primera vez hasta el día que te vas a dormir con la cinta negra puesta. No se lo pierdan, quizá muchos se sientan identificados, quizá sea la historia de más de uno...




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