• Fauno

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Hace más de una década, durante el campeonato mundial en Garmisch, Alemania, se llegó al último día de competencia sin que el equipo mexicano sumara una sola medalla, algo jamás visto hasta ese momento. Varios mexicanos se habían quedado en cuartos de final, a otros de plano no les había ido muy bien, y por si el panorama no hubiese podido ser más turbio, Victor Estrada cometió un error durante el tercer round de su combate contra el iraní Yossef Karami y creo que todo mundo sabe el precio que tuvo que pagar… Fue entonces que, durante la última jornada de competencia y como un ángel bajando del cielo para salvarnos del fuego infernal, apareció Iridia. La medalla de plata que ganó ese día colocó a México en el lugar número 13 del medallero general. Sólo dos países latinoamericanos pelearon finales en ese evento: México y Cuba. Sólo hubo otro país de Latinoamérica que consiguió una medalla en aquel mundial: Venezuela. Las tres medallas fueron en la rama femenil.


Desgraciadamente, parece que ese tipo de anécdotas sólo ocurrían antes… Quizá son otra de las cosas que los petos electrónicos se llevaron.


Desde Garmisch, viajamos ocho años al futuro y varios miles de kilómetros: Gyeongju. México llegaba a la cita con lo mejor que tenía en ese momento: había logrado colocarse entre las diez mejores selecciones del mundo dos años atrás con dos medallas de plata y cuatro quintos lugares, además de que la mayoría del equipo nacional en ese entonces se encontraba entre los primeros diez del ranking mundial. Lo que sucedió aquellos días en Gyeongju es de esas cosas que son dignas de olvidar; si bien no hubo knock-outs para el equipo mexicano y nadie perdió por alguna vergonzosa diferencia de puntos, tampoco hubo ángeles guardianes que vinieran a salvarnos de la sequía de medallas. México se colocó por debajo del lugar 16, con 24 países por encima, incluidos Chipre, Serbia y Malí. De todo Latinoamérica, hubo una sola medalla: Gabriel Mercedes, quien ganó un bronce en peso fly.


México cerró su actuación en Gyeongju de la misma manera en que uno despierta al lado de un hombre de raza negra, dos metros de altura, voz profunda y sin haber bebido la noche anterior: con mucho dolor y ganas de olvidar (Me han contado).


¿Cómo se define una mala actuación? Quizá el término "mala actuación" es bastante ambiguo como para poder definirlo, pero hay dos formas de analizar la diligencia que desempeña un equipo: la primera es juntando todos los factores, revisando resultados, marcadores, ranking y avance de la gente que derrotó a los miembros del equipo, calidad de combate (Lo dije: en TKD también hay formas de perder), etc... Podríamos echar mano de un sin numero de factores para hacer un análisis a conciencia y determinar si realmente fue una mala actuación o no. La segunda forma de análisis es mucho más simplista, lo he denominado el "análisis en papel©", ¿cómo funciona? Sencillo: es el análisis que todo mundo realiza, en donde se mide la calidad de la actuación en función de los resultados, nada más. Desgraciadamente, esta segunda forma de análisis es la que queda para la posteridad y es en la que se basan incluso la calidad y montos de los apoyos otorgados a los deportistas.


¿Qué pasó en Rusia?


Si hacemos un #AnálisisEnPapel©, la respuesta es muy sencilla: la actuación fue un fracaso.

Hagamos una odiosa comparación con el mundial inmediato anterior (Puebla): iba a ser muy difícil igualar la marca de hace dos años, eso todos lo sabíamos, el problema es que no se estuvo ni siquiera cerca, es más, pareciera que son dos países completamente diferentes. México queda en el lugar 21, junto a otros nueve países, si comparamos eso con el tercer lugar de hace dos años en donde la diferencia con el segundo de la tabla (Cuba) fue de una final ganada, entonces pudiéramos decir que, en efecto, volvimos a amanecer junto a un negro de dos metros.


En cuestión de preseas la comparación no mejora en lo más mínimo: se obtuvo una medalla, en contraste con las cinco de Puebla, de las cuales cuatro fueron obtenidas en una final.


¿Qué pasa si hacemos de cuenta que el mundial de Puebla nunca existió? Pues entonces estaríamos hablando de una ligera mejora en el equipo, de que se tuvo un mejor desempeño, de que vamos para arriba. ¿Cuál sería el problema? El problema es que es una suposición, pues Puebla sí existió y es un destello entre dos eventos que todos quisiéramos olvidar.


Iniciemos con un análisis de circunstancias. Primero las damas:


De ocho mujeres que integran la selección nacional, descartamos a quienes perdieron en primera ronda, es decir, de las ocho que tenía, ya nomás me quedan tres. Cinco mujeres perdieron en primera ronda, y no sólo eso: de esas cinco, tres perdieron con una competidora que perdió el siguiente combate, una más perdió con una competidora que avanzó dos rondas más (Sin alcanzar medalla) y tenemos el caso de Diana que perdió con quien rondas más adelante se coronaría como campeona mundial.


De las tres que lograron superar la primera etapa tenemos a Paulina, quien perdió la segunda pelea (Ronda de 32) contra una atleta que perdería en el combate siguiente. Después tenemos a Briseida y María, ambas descalificadas en cuartos de final después de hacer dos y tres combates respectivamente. La chica que le gano a Briseida perdió la semifinal; la chica que le ganó a María perdió la final.


En total las mujeres hicieron 12 combates, ganaron sólo cuatro… ¿Saben qué es lo peor? Que en Puebla hubo cuatro chicas que perdieron también en primera ronda, dos más en el segundo combate, una en cuartos y el Saving Grace del equipo fue Briseida con su medalla de plata. ¿Qué quiere decir esto? Pues que las chicas sí empeoraron, pero poquito.


Después de revisar todo lo anterior es imposible no preguntarse: ¿Quién fue el imbécil que aceptó el que hombres y mujeres entrenaran separados?


Si el equipo femenil fuera un vehículo, ya tendría prendidas todas las luces rojas del tablero. Tengan cuidado, entrenadores, directivos y cuerpo técnico: hay un iceberg enfrente de ustedes y van navegando directo hacia él a toda velocidad.


Seguimos:


Del equipo varonil sólo dos perdieron en primera ronda, ambos con atletas que igualmente caerían en la pelea siguiente, dos más perdieron en segunda ronda (Ronda de 32) también con alguien que perdería inmediatamente después.


Hubo tres quintos lugares, es decir, que llegaron hasta cuartos de final: Carlos, Uriel y Misael. Los primeros dos perdieron con quienes resultaron campeones mundiales, el tercero con un subcampeón mundial.


Ya a estas alturas, Saúl pudo no haber competido y resultado final hubiera sido el mismo hablando de la tabla general mexicana de todos los tiempos: este equipo ocupa el penúltimo lugar.


Los hombres hicieron en total 22 combates y ganaron 14, es decir, tuvieron una efectividad combativa de un poco más del 63%, lo cual no es (Tan) malo.


¿Qué pasa con quienes perdieron con quienes más tarde ganarían la medalla de oro? Nada. Es sólo que el factor suerte se los puso un poco más adelante, quizá con un poco de menos suerte les hubiera tocado en primera ronda (Pregúntenle a Diana). Recordemos que en un mundial siempre te vas a enfrentar con alguien cabrón, viene antes, o viene después, de todas maneras hay que ganarle.


Existen otros factores que quizá pudieron mermar el desempeño: para empezar debemos decir que el cuerpo técnico es prácticamente nuevo, no quiere decir que estén haciendo mal su trabajo, pues el tiempo aún es muy corto para poder evaluar, y si bien es cierto que no llegaron a resucitar muertos, ni a dirigir un equipo de mancos y cojos, también es cierto que la forma tan abrupta en la que salieron los entrenadores anteriores dejó a la selección nacional en un estado muy parecido al de un cachorro abandonado bajo la lluvia. Así que antes de cargarle una cruz a los entrenadores y hacerlos desfilar por Paseo de la Reforma con una corona de espinas y dándoles latigazos, extendámosles el beneficio de la duda, este es un año largo… Sólo no se les olvide que los estamos viendo.


Recordemos también que últimamente los seleccionados se han visto sometidos a diferentes evaluaciones, eso también pudiera llegar a afectar, pues no se puede seguir un programa de entrenamiento óptimo si se tiene que interrumpir cada determinado tiempo para que los muchachos puedan evaluar.


¿Qué sigue? Pues primero pasar este trago amargo y después lo de siempre: apoyar a nuestro equipo y reiterarles que no son ustedes quienes llevan un país en los hombros, sino el país entero quién los lleva cargando. En lo personal, lamento mucho que no se hayan dado los resultados, pero ya caerán...


Vienen los Juegos Panamericanos y México debe ser el rival a vencer, no un país más.



EN EL CAMINO


Desde estas humildes líneas aprovecho para felicitar a Saúl Gutierrez por esa medalla de bronce obtenida en Rusia. No es, por ningún motivo, cosa menor. Pónganle atención a ese niño, porque podríamos estar siendo testigos del nacimiento de algo, de alguien... Quizá "the next big thing" no sea un celular, después de todo.




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