• Fauno

La manita (A U.S. Open Story)


Sí, ese de la mano con férula soy yo. Quizá se estén preguntando cómo es que llegué a esta situación, así que volvamos en el tiempo...


Corría el año 2010: año de Juegos Centroamericanos, campeonato panamericano y otros eventos de esos que ponen más nerviosos a los directivos que a los atletas.


El U.S. Open de ese año, igual que el de ahora, fue en Las Vegas. Nosotros llegamos con un equipo bastante numeroso pues por ser inicio de año no había exactamente una selección definida y como en aquellos tiempos todavía los atletas eran algo importante dentro del presupuesto nacional, pues nos llevaron a todos a competir en la ciudad del pecado.


Aprovechando que estábamos en Estados Unidos y que allá hay tiendas que parecen un sueño, pues visitamos un Guitar Center que estaba no muy lejos del hotel. Yo salí con una guitarra de doce cuerdas colgada en la espalda y llegué al cuarto a contemplar su belleza antes de dormir porque competíamos al otro día.


El día de la competencia vi mi gráfica y tenía que hacer cinco combates, nada mal para empezar el año: Chile, Canadá, USA, Rusia y la final pues ya era lo de menos.


El primer combate fue difícil, como es siempre un primer combate. En un intercambio de patadas me tiraron con la pierna derecha, yo bajé la mano izquierda para cubrir, pero la patada no iba realmente circular, sino en una especie de línea recta ascendente; así que cuando yo bajé la mano, el pie del chileno se estrelló contra mi puño y pues me dolió. Siguió el combate y gané.


Salí con un dolorcillo en la mano de lo más normal, excepto que al momento de detener una palcha pues no podía. Igual y pues yo seguía pensando que era normal.


El segundo combate con el canadiense fue difícil porque ya había peleado una vez contra él, y a diferencia de aquel día, ahora venía como con más ganas de ganarme. Una técnica que me había funcionado la última vez era cortar distancia y rematar: lo intenté, pero mi mano me dolía; la siguiente vez que lo intenté en lugar de pegar con los nudillos, pegaba con los dedos... O sea, sí, con el puño cerrado, pero de frente, acción que me costó una amonestación, varias burlas y dos memes, pero gané.


El tercer combate fue contra un joven de esos que traen fuego en la mirada, de esos a los que se les nota la sed de triunfo en su andar, de esos que se atoran en el clinch y terminan cayéndose junto contigo... Digo, una caída no es mucho problema, el problema es cuando te detienes con la mano del puño mágico al momento de tocar el piso. Esa fue una pelea muy accidentada, pero al final gané también.


Saliendo del tercer combate lo hice cojeando, el doctor llegó hasta donde yo estaba y me dijo: “vamos a revisar ese pie”, sólo que al momento de decírmelo me agarró de la mano y a mí me dieron ganas de llamar a mi mamá. Pegué un grito involuntariamente espeluznante y el doctor hizo una cara que a la fecha no sé si fue de desprecio o de que no entendía nada.


Llegando al área de calentamiento el doctor me pide que me quite el guante para poder revisar la mano, yo, muy respetuoso de la autoridad como siempre, obedecí, sólo que el guante no salió. Cortaron el guante y tenía un hueso a punto de salirse: el tercer metacarpiano se había roto como una vara de madera al momento de parar la patada del chileno.


El doctor me informó que tenía un hueso roto y que ya no me iba a dejar competir. Yo, hice lo que haría cualquier guerrero de clase mundial: ponerse a llorar.


Me llamaron para entrar a la semifinal y me acerqué a la mesa de control a decir que no iba a entrar. “WHY NOT?” Me gritó el ruso con un acento de Ivan Drago inflando el pecho y escupiendo hacia un lado... No le respondí, sólo le enseñé mi manita y me contestó “oh, sorry, sorry” con un acento un poquito (Poquito) más calmado.


De ahí comenzó una odisea visitando hospitales, esperando turno y en recuperación. Ah, también tuve que esperarme casi medio año para poder tocar mi guitarra de doce cuerdas porque el destino me odia. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión...




EN EL CAMINO


El equipo mexicano va con carro completo a los Juegos Panamericanos de Lima, como siempre es el rival a vencer.




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