• Fauno

Los castigados (A U.S. Open Story)

El U.S. Open está en curso… Pero ya a nadie le importa. A mí tampoco.

Y es que el abierto de los Estados Unidos siempre ha sido un excelente evento, de gran renombre y además siempre con sedes interesantes. Alguna vez dijeron que lo iban a hacer en un crucero, pero creo que la idea no prosperó porque pues todo el mundo era pobre y a ningún país le alcanzaba para llevar a sus equipos al evento… Lástima, hubiera sido todo un hito.


Otro lugar interesante en donde se hacía el U.S. Open era Las Vegas, ya saben, ese lugar en donde todo mundo apuesta y siempre sale diciendo que salió “tablas”. Las Vegas están bien padres, yo he ido dos veces y ambas fue gracias al TKD: la primera vez que fui fue en 2003, aunque debo de confesar que realmente nunca conocí esa ciudad sino hasta 2010… ¿Por qué? Bueno, en 2003 yo era juvenil, así que no había así como muchos lugares en esa ciudad que yo hubiese podido conocer aquella vez, y digo “hubiese” porque desgraciadamente mi edad no fue la razón por la que no salimos en aquella ocasión. Esta es la historia…


En aquella ocasión teníamos un entrenador bastante bueno en la selección juvenil, bastante bueno pero muy, MUY, poco ortodoxo. Por ejemplo en mi primer pelea se la pasaba gritándome que le tirara a la cara con la pierna de enfrente a mi contrincante y no le hice caso, esto siguió durante toda la pelea y en el descanso del segundo round me dijo: “cuando te dé la señal, tiras a la cara con la pierna de adelante… ¡Y MÁS VALE QUE ME HAGAS CASO PORQUE SI NO TE LAS VAS A VER CONMIGO AHORITA QUE SALGAS!”. Entré al tercer round medio asustado, pero sin ganas de tener que vérmelas con el profe saliendo. A los cinco segundos de iniciado el asalto escuché “¡YA!”, metí la cola entre las patas, tiré la patada indicada y ¡PUM! K.O. En ese tiempo el protector bucal no era obligatorio, pero ese muchacho sí traía, ya ven como son los gringos, y salió volando. Lo sacaron cargando (Al muchacho) y el profe me pidió que levantara el protector y se lo llevara, obviamente yo dije que no, que p**o asco… “¡QUE SE LO LLEVES!”. Con la parte más delgada de las llemitas de mis dedos, casi sin tocarlo y aguantándome las ganas de vomitar le llevé su protector bucal al muchacho rival y todo mundo pensó que yo era un caballero, la realidad es que sólo era un jovenzuelo asustado.


Si eso hubiera pasado hoy en día, mi profe hubiera sido acosado en redes sociales y linchado mediáticamente, ya saben, por esta moda de lo correctito que anda ahora… Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.


Ganamos muchas medallas, pero ese día el evento terminó después de la media noche (Así era ese abierto), así que nos dejaron quedarnos en el hotel todo el día siguiente. Ese día conocimos a unas croatas que se enamoraron de mí porque tocaba la guitarra (No es cierto) (O sea, sí sé tocar guitarra). Deberían de ver lo difícil que es explicarle la canción de “La Planta” a una extranjera que no habla tu idioma, inténtelo, los reto.


El día antes del día libre oficial nos bajamos a una especie de launch (O como p***s se escriba) que tenía el hotel (El fantástico y legendario Best Western Plus, que no está ni siquiera cerca de toda la diversión de Las Vegas). Yo me puse a tocar guitarra junto con un compañero que realmente no tenía nada que hacer y de repente, así como el flautista de Hamelín atrae a las ratas, yo atraje a las croatas, que pues no parecían ratas, el problema es que después de un rato las croatas atrajeron a varios miembros del equipo mexicano que pues… Bueno, igual que el flautista. Cuando ya era demasiada gente ahí se nos ocurrió la fantástica idea de irnos a un cuarto, a pesar de la estricta norma que prohibía que hubiera mujeres en cuartos de hombres.


Alguien vio a las chicas salir del cuarto… Y todos empezaron a llegar. El problema fue que a una de las muchachas se le olvidó su bolsa y regresó por ella. Cuando entró al cuarto todos empezaron a gritar (Como si nunca hubieran visto a una croata… ¬¬). El escándalo despertó a todo el hotel, incluido el profe que se asomó a ver qué estaba pasando. La chica salió del cuarto (Me imaginó que sintiendo el mismo alivio que cualquiera sentiría al salir vivo de una jaula llena de chimpancés) y no pasaron dos minutos cuando la puerta se volvió a abrir, el escándalo empezó de nuevo y después se volvió silencio: “¡MAÑANA TODOS CON ROPA DE CORRER EN EL ESTACIONAMIENTO!”


Ese fue nuestro día libre: corriendo en el frío de Las Vegas en febrero alrededor de un Best Western. También nos pusieron en tres puntos, es un castigo que no sé quién se inventó, pero maldito sea: abres las piernas, pones las manos atrás y apoyas la cabeza en el suelo. La gente por lo regular llora cuando la ponen así, porque pues duele, y es chistoso porque las lagrimas escurren por la frente en vez de por las mejillas (Alguien debería iniciar ese reto viral en internet con un hashtag y todo, auguro un éxito tremebundo).


Y fue por eso que no conocí Las Vegas sino hasta 2010.


Antes de que se me olvide: felicidades a todos los que fueron al U.S. Open de este año. Espero que les haya ido bien…




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